Cada fin de semana, el fútbol formativo genera la mayor movilización genuina de la población en la República Argentina. Miles de familias se levantan cada sábado y domingo mucho antes del amanecer, no por seguir a un líder político ni por responder a una convocatoria masiva, sino por una decisión sabia y sencilla: que los más jóvenes realicen actividad física y practiquen su deporte favorito. Por supuesto, también lo hacen persiguiendo un sueño, sabiendo que serán pocos los que logren llegar a Primera División, pero eso no opaca ni por asomo a la ilusión, el esfuerzo y el compromiso.
El trabajo que realiza la Asociación del Fútbol Argentino en la formación de jugadores es único en el mundo. Desde los 9 años de edad de los niños, existe una categoría que tiene un torneo oficial anual. Cada fin de semana se disputan cientos de partidos. Todas las instituciones cuentan con 12 divisiones por debajo de la Primera: Reserva o Tercera, Cuarta, Quinta, Sexta, Séptima, Octava, Novena, 2013, 2014, 2015, 2016 y hacia la primavera se incorporará la 2017.
Sí, leyeron bien: doce divisiones. Ningún país del mundo tiene una estructura de competencia tan amplia.
Pero la AFA no piensa solo en el 1 o 2% de los chicos que algún día podrán vivir del fútbol. El verdadero desafío está en los otros 98%. A través del deporte, se abre una puerta de esperanza para miles de jóvenes. El fútbol es —y ha sido— una respuesta concreta frente a problemáticas sociales como la droga, el alcohol, la violencia o la desocupación.
El objetivo es que todos estén preparados para vivir con o sin el fútbol. Es un trabajo silencioso y cotidiano, un compromiso diario: se trata de hacer docencia a través del deporte.
La organización de nuestro fútbol formativo ha tenido numerosos cambios durante la gestión de Claudio Tapia. Hemos sido testigos de transformaciones de fondo. Citemos sólo algunas:
-En las categorías más pequeñas se redujeron las dimensiones de los campos de juego, el tamaño de los arcos y las pelotas utilizadas.
-Los Arbitros destacan con la "tarjeta verde" las buenas acciones deportivas y humanas que realizan los jugadores en el campo de juego.
-Se realiza "tercer tiempo" luego de cada partido oficial, dando la oportunidad a los jóvenes de compartir sus vivencias luego de los partidos.
-Aquellos torneos que se definen por partidos finales cuentan con la supervisión de las autoridades arbitrales, resaltando el "respeto" hacia el ocasional rival, realizando el "pasillo" en cada premiación.
-La selección juvenil del ascenso ha permitido promover a muchos futbolistas, quienes practican regularmente en el Predio "Lionel Messi", disputando partidos amistosos y participando en torneos oficiales representando a nuestro país.
Todo esto es posible gracias al esfuerzo de trabajadores anónimos de nuestro fútbol —dirigentes, delegados, coordinadores y técnicos—, verdaderos pilares en la tarea en la formación de los más chicos.
En visperas del inicio de una nueva temporada, el objetivo es claro: ir por más, porque la cantera argentina es, sin dudas, inagotable.